Berlín

Como ya ima­gi­naba, Ber­lín me ha encan­tado. Al final las malas pre­vi­sio­nes del tiempo sólo se cum­plie­ron el domingo y con mi madre he desa­rro­llado pacien­cia nivel 20, aun­que al prin­ci­pio hubo un par de situa­cio­nes tensas.

La ciu­dad mola, está llena de vida. Antes de ir allí pen­saba que nin­gún lugar de Europa podía superar en bares, terra­zas y res­tau­ran­tes a las ciu­da­des espa­ño­las del sur. Me equi­vo­caba, Ber­lín es un her­vi­dero de loca­les per­ma­nen­te­mente lle­nos de gente, las calles (muy muy amplias) y las pla­zas están ates­ta­das de mesas, pues­tos de comida rápida y res­tau­ran­tes vario­pin­tos. Supongo que en invierno no será tan así, pero en verano es uno de los sitios más ale­gres y vivos en los que he estado. Hay una can­ti­dad de bares y cafe­te­rías enorme y la mayo­ría son muy agra­da­bles. La ver­dad es que esto ha sido una de las dos cosas que más me han gus­tado. La otra son las bicis y los carri­les bici, aun­que ahora en verano sería mucho más exa­ge­rado, supongo.

Ade­más de ver todos los sitios turís­ti­cos de rigor (que se encuen­tran en cual­quier guía), subir a la torre de tele­vi­sión y mon­tar en uno de esos auto­bu­ses que te lle­van a todas par­tes (deseo expreso de mi madre), hemos estado en dos sitios que me gus­ta­ron mucho y los voy a con­tar aquí por si puede resul­tarle útil a alguien.

Koll­witz­platz en Prenz­lauer­berg. Este sitio lo encon­tra­mos por casua­li­dad. Mi amiga Paula me hizo lle­gar una reco­men­da­ción sobre un sitio para comer un brunch, el café Novem­ber en Huse­manns­traße. Bus­qué el sitio, que resultó estar en el dis­trito de Prenz­lauer­berg y fui­mos el domingo a medio día. Mi madre no con­si­guió asi­mi­lar el con­cepto de brunch e insis­tió en madru­gar, desa­yu­nar nor­mal e ir allí a la hora espa­ñola del almuerzo, lo cual no es pro­blema por­que en la mayo­ría de sitios de Ber­lín lo sir­ven hasta las 16:00. De la reco­men­da­ción de Paula, lo que más me atraía era la posi­bi­li­dad de hacer tu pro­pio gofre y el buf­fet libre (me encan­tan los buf­fets por­que puedo pro­bar todo sin tener que ele­gir una cosa de la carta, lo que siem­pre es un pro­blema para mí). Cuando lle­ga­mos, el sitio era muy chulo pero estaba lleno, habían qui­tado la máquina de hacer gofres y no tenían brunch buf­fet. Deci­di­mos pasear un rato por si encon­trá­ba­mos otro sitio y así apa­re­ci­mos en la Koll­witz­platz. Es un sitio con una atmos­féra muy espe­cial, hay un buen número de cafés alre­de­dor con terra­zas en las amplias ace­ras, la mayo­ría muy boni­tos y con brunch buf­fet :D. Merece la pena ir y pasear ade­más por la Huse­manns­traße, que sale de la plaza y ha sido reno­vada recien­te­mente. Hay tien­das de ropa de segunda mano y más cafés. Ah, al final nos comi­mos el brunch en un sitio de esa plaza con deco­rado cari­beño, en el que pude pro­bar unas cuan­tas tar­tas y postres :)

Kollwitzplatz

Café Cream en Friedrichshain-Kreuzberg (Sch­le­sis­che Straße 6). Aquí tam­bién lle­ga­mos por casua­li­dad. Había­mos estado viendo la East Side Gallery, que son pin­tu­ras hechas en más de un kiló­me­tro de muro que queda en pie cerca de la Ost­ban­hohf, cru­za­mos el puente Ober­baum­brü­cke y nos pusi­mos a bus­car una boca de metro. Llo­vía bas­tante y está­ba­mos can­sa­das de andar, así que deci­di­mos parar a tomar un café y entra­mos en el Cream Kaffee-Rösterei por­que el inte­rior nos pare­ció muy bonito. Al mirar la carta des­cu­bri­mos que en ese sitio tos­ta­ban su pro­pio café y tenían una carta enorme, tanto de comi­das, desa­yu­nos y dul­ces como de bebi­das frías y calien­tes. Había un mon­tón de tipos de café para ele­gir, según sus pro­ce­den­cias. Yo des­gra­cia­da­mente no puedo tomar leche, así que tuve que con­for­marme con un expreso mien­tras mi madre tomaba cho­co­late negro con una bola de helado de vai­ni­lla Häagen-Dazs y nata. No comi­mos allí por­que era un poco tem­prano pero había gente cenando y las ensa­la­das y los bagels tenían una pinta genial, al igual que las tar­tas. Bus­cando luego por inter­net he leído que la tarta Bailey’s es una de las mejo­res allí. Aparte de todo eso, las dos cama­re­ras eran encan­ta­do­ras. Si algún día vuelvo a Ber­lín, no me cabe duda de que me pasaré por el café Cream y pro­baré más cosas.

Cream Kaffee-rösterei
Esta foto no es mía, si no de Qype

Y bueno, eso es todo. He subido, titu­lado y eti­que­tado muchas de las fotos del viaje a un album de Fli­ckr, por si a alguien le intere­san. Ya tengo otro aña­dido en mi colec­ción de ciu­da­des en las que me gus­ta­ría vivir o al menos pasar una larga temporada.

3 comentarios en Berlín

  1. Paula dice:

    Jo, qué rollo que no estu­viera el brunch, y qué raro. Ya vol­ve­re­mos cuando vaya a estar seguro (yo pla­neo irme a Ber­lín el verano que viene.…)

  2. Rosa dice:

    Tenían brunch pero a la carta y yo ese día tenía muchí­si­mas ganas de buf­fet. Por eso bus­ca­mos otro sitio. Lo de la máquina de los gofres ni idea, igual era por­que se mon­ta­ban muchas colas…
    ¡Un besito!

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