Tres días en “el botxo”

Me aprendí el apodo cari­ñoso con el que los bil­baí­nos lla­man a su ciu­dad, el botxo o bocho (agu­jero, debido a que Bil­bao se encuen­tra entre mon­ta­ñas) leyendo un dic­cio­na­rio de pala­bras de Bil­bao tras haber ter­mi­nado con mi mini-guía de via­jes. Mis cono­ci­mien­tos sobre la villa se vie­ron com­ple­ta­dos con una pequeña expo­si­ción bas­tante guay, De Bil­bao de toda la vida, que nos encon­tra­mos en La Alhón­diga, uno de esos luga­res para todo (media­teca, expo­si­cio­nes, cines, gim­na­sio, tien­das súper cool…) que me recuer­dan inevi­ta­ble­mente a Lon­dres, y por supuesto con muchos paseos durante tres días por unas calles que me han gus­tado incluso más de lo que ima­gi­naba.

Escaparate con cupcakes

Biblio­teca Foral y esca­pa­rate navi­deño

Pues sí, tal y como pen­saba me ha encan­tado Bil­bao, desde las altu­ras de la Basí­lica de Begoña y del monte Artxanda hasta las calle­jue­las del Casco Viejo. Me ha dado la impre­sión de ser súper orde­nada, lim­pia y agra­da­ble, con muchí­si­mas tien­de­ci­tas, bou­ti­ques y cafés de ésos que lla­man auto­má­ti­ca­mente mi aten­ción y que dan para muchos artícu­los en Dol­ce­City Bil­bao. El Gug­gen­heim nos ha pare­cido una pasada y la parte de la Ría igual. Uno de mis edi­fi­cios favo­ri­tos ha resul­tado ser el con­te­ne­dor de libros trans­pa­rente de la Biblio­teca foral, chu­lí­simo, y ha sido un rollo no haberla pillado abierta. Ima­gino que para los intere­sa­dos en la arqui­tec­tura tiene que ser una gran expe­rien­cia visi­tar Bilbao.

GuggenheimPintxos

Gug­gen­heim y barra con pin­txos

Lo único malo del viaje tuvo lugar el vier­nes, cuando mi cuerpo detectó que era un día labo­ra­ble y yo me encon­traba dur­miendo a varios cien­tos de kiló­me­tros de mi puesto de tra­bajo por lo que deci­dió seguir fiel a la cos­tum­bre que tiene últi­ma­mente de ponerse enfermo todas las fies­tas y fines de semana pero a lo bes­tia. Así pues, en vez de comiendo bollos con man­te­qui­lla para desa­yu­nar en algún café del Casco Viejo, ama­necí con la cabeza metida en el WC del cuarto del hotel vomi­tando bilis y pasé la mañana del vier­nes sin poderme mover de la cama con una migraña bru­tal hasta que fui capaz de ponerme de pie a las 3 de la tarde. Por suerte tenía­mos tiempo de sobra para ver todo tran­qui­la­mente y para pro­bar con bas­tante mode­ra­ción unos cuan­tos pin­txos y pas­te­les típi­cos (el baca­lao en cual­quier variante y las Caro­li­nas están de muerte).

Ahora voy a ten­tar a la suerte de nuevo y en breve me pon­dré mi abrigo nuevo de cape­ru­cita roja y me lar­garé a mi pri­mera fiesta de Navi­dad de empresa, que espero con bas­tante impa­cien­cia y curiosidad :)

6 comentarios en Tres días en “el botxo”

  1. José Francisco dice:

    Bil­bao siem­pre me ha pare­cido una ciu­dad a la que merece la pena ir, aun­que nor­mal­mente cuando la mayo­ría de las guías o webs me reco­mien­dan luga­res que visi­tar, se que­dan en el Gug­gen­heim y poco más, así que tomaré nota. ;)

  2. Paula dice:

    Bil­bao es pre­cioso! Y la comida es de muerte, ¡qué envi­dia!
    Hablando de abri­gos de cape­ru­cita roja… yo tengo, de hecho, una capa: http://​a8​.spho​tos​.ak​.fbcdn​.net/​h​p​h​o​t​o​s​-​a​k​-​a​s​h​4​/​s​7​2​0​x​7​2​0​/​3​1​6​1​2​7​_​1​0​1​5​0​4​5​5​6​8​9​6​0​5​9​3​2​_​5​0​0​2​8​5​9​3​1​_​1​0​7​7​3​8​8​9​_​3​3​3​4​9​2​9​4​1​_​n​.​jpg

    Cuando voy de paseo con mi bici fran­cesa que es de color rojo y mi capa todos los hips­ters de Lon­dres llo­ran a mi paso…

  3. Sand dice:

    Bil­bao es una de mis ciu­da­des pen­dien­tes de España. He estado varias veces, pero siem­pre “de pasada”, nunca he podido dis­fru­tarla de a poquito… Así que me lo anoto, todo, todo y todo :)

    PD: Pásate por mi blog. Te he dejado una sorpresita :)

  4. Laura dice:

    Yo estuve por Bil­bao sólo una tarde pero sí, me gustó mucho y me encan­ta­ría vol­ver. Me encanta el abrigo, por cierto :) Y para prac­ti­car ale­mán, ya sabes, me vie­nes a visi­tar y punto! :)

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