Domingo de cocinitas

Llevo bas­tante tiempo con la idea de ir a un curso de cocina en alguno de los sitios tan chu­lis que hay por Madrid, como Kit­chen Club, A punto o la Acca­de­mia del Gusto. Coci­nar me parece diver­tido y me gusta pero sólo cuando lo hago para otras per­so­nas o por algún motivo con­creto, por eso las ganas de ir a un taller. Final­mente, con la excusa del Gas­tro­fes­ti­val por fin me decidí y ayer pasa­mos 3 hori­tas en el taller Tapas de otros mun­dos en la librería-centro gas­tro­nó­mico A punto, en Chueca.

Había estado antes allí pero sólo en la planta prin­ci­pal, donde tie­nen muchos libros de cocina y una zona de show cooking. Nunca había visto la planta de abajo, en la que escon­den una sala de catas muy bonita y una cocina genial donde tie­nen lugar los talleres.

A punto libreria
A punto libreria

A punto — cen­tro cul­tu­ral del gusto

Esto fue lo que apren­di­mos a coci­nar guia­dos por un sim­pá­tico chef bra­si­leño:

  • Baba ganush, una pasta a base de beren­jena asada, con­di­men­tada con aceite de oliva y zumo de limón, per­fecta para comer con pan de pita. A mí fue el plato que más me gustó de todos y el único que no había pro­bado antes.
  • Won­tons o gyo­zas, esas empa­na­di­llas japo­ne­sas tan ricas que valen muy bien como intro­duc­ción de la comida japo­nesa ante pala­da­res escép­ti­cos, deli­ca­dos o tra­di­cio­na­les. En este caso esta­ban relle­nas de ter­nera picada, con ver­du­ri­tas y espe­cias varia­das (jen­gi­bre, curry, cilan­tro…), coci­na­das a la plan­cha con aceite de sésamo y acom­pa­ña­das de una salsa súper rica de soja con jen­gi­bre. Yo creo que fue­ron el plato estre­lla del día.
  • Rolli­tos de hojas de parra, relle­nos de arroz bas­mati. El arroz quedó muy bueno, con clavo, pimienta, piño­nes e incluso canela, pero luego el sabor que­daba bas­tante eclip­sado por la hoja.
  • Flau­tas de fri­jo­les, con jala­pe­ños opcio­na­les. Me gustó par­ti­ci­par en la ela­bo­ra­ción de este plato aun­que luego me abs­tu­viera de par­ti­ci­par en la ingesta. Es una pena pero la comida mexi­cana y mi apa­rato diges­tivo son hoy por hoy incom­pa­ti­bles. Tam­poco es nada grave, cuando voy con Jorge a alguna taque­ría o res­tau­rante mexi­cano, él se queda los tacos y los burri­tos y yo los mar­ga­ri­tas, divi­sión perfecta.

Me habría gus­tado hacer fotos durante el taller, a los ingre­dien­tes, los uten­si­lios, a las ollas rojas tan boni­tas de Le Creu­set y a todo el pro­ceso de pre­pa­ra­ción, pero me daba miedo tener mi Sony RX100 nue­ve­cita ahí al lado del aceite y las cebollas.

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