Vuelta a Tokyo: tiendas, santuarios y cerezos en flor

La des­in­to­xi­ca­ción de tem­plos y natu­ra­leza fue inme­diata al vol­ver de Kyoto y salir de la esta­ción de Shi­buya, justo en su famoso cruce, de camino a nues­tro segundo hotel en Tokyo. Nada más sol­tar las male­tas nos fui­mos a dar vuel­tas por la zona, pasar por la Love Hotel Hill y por supuesto ver bien el cruce. Pasa­mos por él varias veces junto al resto de la marea humana, lo foto­gra­fia­mos desde la ven­tana enorme del Star­bu­cks y fui­mos a ver la esta­tua de Hachiko. Las calles de Shi­buya molan muchí­simo, creo que repre­sen­tan un poco la ima­gen men­tal que muchos tene­mos de Tokyo.

Cruce de Shibuya

Cruce de Shi­buya

Estos últi­mos días la migraña ha deci­dido ata­car así que nos ha cos­tado bas­tante man­te­ner el ritmo pero aun así hemos podido ver cosas muy chulas.

Sakura, his­to­ria y tem­plos en Ueno, Asa­kusa y Harajuku

El sábado por la mañana nos levan­ta­mos bas­tante tem­prano para ir al par­que de Ueno. Esta vez sí que esta­ban todos los cere­zos en flor y el par­que era un her­vi­dero de gente, incluso antes de las 9 de la mañana. Ya había gente haciendo pic­nic y pues­tos de comida en pleno fun­cio­na­miento como si fue­sen las 12 del medio­día. Nos pasa­mos pri­mero por los tem­plos Benten-do y Kiyo­mizu Kannon-do para ir luego a visi­tar el Tokyo Natio­nal Museum, donde ade­más había un jar­dín precioso.

Parque de Ueno
Wakizashi

La tumba de los sol­da­dos Shogi-Tai en Ueno y waki­zashi en el Tokyo Natio­nal Museum

Al salir del museo fui­mos andando en direc­ción a Asa­kusa. La pri­mera parada era la zona de Kappabashi-dori, bási­ca­mente una calle con dece­nas de tien­das que ven­den todo lo que un res­tau­rante puede nece­si­tar, excepto la comida. Nues­tra inten­ción era ver las tien­das que ven­den répli­cas de comida hechas en cera o plás­tico. En Japón un mon­tón de res­tau­ran­tes expo­nen mode­los de los pla­tos que sir­ven en una espe­cie de esca­pa­rate, algo bas­tante prác­tico para gente como noso­tros que no tiene ni idea de japo­nés. La ver­dad es que es cuanto menos curioso.

Luego nos diri­gi­mos hacia la parte más guay: el tem­plo Senso-ji y la zona de alre­de­dor. No sé si por ser sábado o por las flo­res de cerezo o sim­ple­mente por­que es Tokyo, había una can­ti­dad de gente increí­ble. Casi todas las calles alre­de­dor del tem­plo son pea­to­na­les y están aba­rro­ta­das de sitios para comer, muchos con mesas en la calle para apro­ve­char el buen tiempo. En uno de ellos comi­mos genial (soba fríos, mis nood­les favo­ri­tos, y arroz con tem­pura) por una can­ti­dad irri­so­ria de dinero, como hasta ahora en Tokyo.

Acceso a Senso-ji
Restaurante en Asakusa

Una de las calles que lle­van a Senso-ji y gente comiendo por la zona

El domingo por la mañana nos fui­mos andando al par­que de Yoyogi, que no es tan bonito ni mucho menos como el de Ueno pero que estaba lleno de gente haciendo toda clase de depor­tes, algu­nos un poco raros. Estaba en nues­tro camino a Meiji-jingu, un san­tua­rio que me encantó por lo sobrio y majes­tuoso que pare­cía. El camino de entrada está como en medio de un bos­que, mar­cado por unos altos torii de madera. Se esta­ban cele­brando dos bodas y todo ema­naba un aire muy solemne y tra­di­cio­nal.

Boda japonesa en Meiji-jingu

Foto de boda en Meiji-jingu

Gatos, tien­das y sobre­do­sis de kawaii

El sábado por la tarde nos fui­mos a ver la zona de Ike­bu­kuro. Aquí se sue­len encon­trar las otome, algo así como el equi­va­lente feme­nino de otaku, prin­ci­pal­mente en Otome Road donde hay varias tien­das de manga que hacen mucho enfá­sis en el género yaoi. Sin embargo, mi mayor inte­rés en esa zona era el Japan Tra­di­tio­nal Craft Cen­ter por lo que fue una gran decep­ción encon­trár­noslo cerrado por reno­va­ción. No obs­tante, apro­ve­cha­mos para tachar otra cosa de nues­tra to-do list edi­ción Japón entrando en un Cat café, bási­ca­mente un sitio donde pagas por jugar con gatos durante un rato. Suena tan absurdo que tenía­mos que pro­barlo, aun­que luego los gatos no nos hacían ni caso.

Chicas en Shibuya

Chi­cas en Shi­buya

Una buena parte del domingo la pasa­mos en Hara­juku, zona cono­cida por la ave­nida Omote-sando, que al pare­cer es algo así como el equi­va­lente en Tokyo a los Cam­pos Elí­seos de París. No es tan bonita ni mucho menos, pero es ancha y está reple­tas de tien­das de gran­des fir­mas y cen­tros comer­cia­les lujo­sos. Des­taca la tienda de Prada Aoyama, a la que merece la pena acer­carse sólo por ver el edi­fi­cio. En Shi­buya tam­bién hay un mon­tón de tien­das y gran­des alma­ce­nes, algu­nos de ellos muy fas­hion que me recuer­dan mucho a algu­nas de Lon­dres o NY pero con dise­ña­do­res des­co­no­ci­dos para mí, y por supuesto, con unos pre­cios en gene­ral altí­si­mos. Los que más me gus­ta­ron fue­ron Parco (Part 1, 2 y 3), en Shi­buya y Lafo­ret en Hara­juku, ambos con muchas tien­das pop-up dife­ren­tes, espa­cios para expo­si­cio­nes y even­tos, cafés… Allí des­cu­brí la marca Pou Dou Dou.

Mascota

Mas­cota calle­jera en Hara­juku

Pero la ropa no era lo impor­tante en nues­tro caso. La tienda de Kiddy­land en Hara­juku y la Cha­rac­ter Street en la inmensa esta­ción de Tokyo eran dos luga­res que tenía apun­ta­dos en mi lista de tien­das cute y la ver­dad es que no han defrau­dado. Kiddy­land son 4 plan­tas de jugue­tes y cosi­tas súper monas, con su pro­pia Snoopy Town y una tienda entera del oso Rilak­kuma. Tam­bién tie­nen una buena selec­ción de mer­chan­di­sing de Ghi­bli. En la Cha­rac­ter Street de la esta­ción de Tokyo hay un buen mon­tón de tien­das de dis­tin­tas TVs japo­ne­sas, ven­diendo mer­chan­di­sing de per­so­na­jes, desde Dorae­mon hasta nues­tro nuevo des­cu­bri­miento, el hams­ter con pati­tas minús­cu­las Kapibara-san.

Un comentario en Vuelta a Tokyo: tiendas, santuarios y cerezos en flor

  1. Sand dice:

    Madre mía… ¡qué inten­si­dad de viaje! Cuán­tos sitios chulos :-)