Últimos días en Tokyo

Los últi­mos días en Tokyo los hemos dedi­cado a relle­nar los hue­cos pen­dien­tes de nues­tra lista, de la guía Tokyo Encoun­ter de Lonely Pla­net y a hacer cosas que no nos había dado tiempo antes o que nos ape­te­cía repetir.

Pre­cio­sos jar­di­nes pasa­dos por agua y Super Potato

El miér­co­les tenía­mos pla­neado ir por la mañana a los jar­di­nes Kois­hi­kawa Kora­kuen, que nos había­mos sal­tado al prin­ci­pio, y eso hici­mos. Craso error, por­que estuvo llo­viendo cada vez más fuerte desde que sali­mos del hotel y lo que habría sido una visita bas­tante chula por­que los jar­di­nes eran pre­cio­sos, se con­vir­tió en un asco de mañana. Para com­pen­sar un poco, secar­nos y entrar en calor nos fui­mos a Akiha­bara a comer unagi y a bus­car la tienda de Super Potato, que nos había­mos sal­tado el pri­mer día.

Koishikawa Korakuen
Koishikawa Korakuen

Kois­hi­kawa Kora­kuen bajo la llu­via

Super Potato es una pasada de tienda de video­jue­gos retro, nunca había visto nada igual. Está en las plan­tas 3, 4 y 5 de un edi­fi­cio un poco escon­dido. Subiendo por unas esca­le­ras lle­nas de cosas pega­das en la pared (recor­tes, dibu­jos…) te encuen­tras estan­te­rías reple­tas de jue­gos de NES, SNES y Game­boy y sus res­pec­ti­vas con­so­las, mer­chan­di­sing anti­guo, Vir­tual Boys, Game & Watch en sus cajas ori­gi­na­les, dece­nas de guías anti­guas, un mon­tón de jue­gos y pla­ta­for­mas des­co­no­ci­das (al menos para mí)… En la última planta tenían ade­más un arcade con máqui­nas retro y un puesto con un mon­tón de chu­ches japo­ne­sas. Es un sitio chu­lí­simo que me extraña que no venga men­cio­nado en la Tokyo Encoun­ter, ya que ese tipo de sitios tan lla­ma­ti­vos casi siem­pre aparecen.

Super Potato

Guía de Super Mario World en Super Potato

De paseo por el barrio hips­ter: Shimo-kitazawa

El penúl­timo día lo pasa­mos en gran parte dando vuel­tas por las calles de Shimo-kitazawa, al pare­cer uno de los barrios más cool de Tokyo, Está lleno de tien­das de ropa vin­tage y de segunda mano, bou­ti­ques inde­pen­dien­tes y cafés chu­lis y venía como high­light en la Lonely Pla­net y reco­men­dado en dis­tin­tos sitios. Era un cam­bio con res­pecto a los ras­ca­cie­los que tanto abun­dan en otras par­tes de la ciu­dad y la ver­dad es que cier­tas calles me recor­da­ron incluso un poco a Europa.

Shimo-kitazawa
Shimo-kitazawa

Paseando por Shimo-kitazawa

Karaoke!

Casi al final del viaje toda­vía nos que­daba una cosa pen­diente por hacer: ir a un karaoke. Bus­qué cuál era el que salía en la peli de Lost in Trans­la­tion y resultó ser uno de Shi­buya que nos pillaba genial: Karaoke-kan, súper cerca de la esta­ción. No es que a noso­tros nos encante el karaoke la ver­dad, como mucho nos gusta jugar al Ultras­tar, pero era por la gra­cia de la experiencia.

Karaoke-kan

La entrada del Karaoke-kan en Shi­buya

Cuando lle­ga­mos al sitio la chica que aten­día no hablaba nada de inglés y tenían todos los folle­tos y car­te­les en japo­nés, así que el prin­ci­pio fue un pelín com­pli­cado. Com­pren­di­mos que se pagaba en fran­jas de 30 minu­tos y que tenía­mos que pedir como mínimo una bebida por per­sona, que acabó siendo una fanta de melón con hie­los para cada uno. Una vez acla­rado el meca­nismo, nos subimos a la habi­ta­ción que nos habían asig­nado y que no tenía nada que ver con las espa­cio­sas 601 y 602 (las que salen en la peli), que tie­nen estu­pen­das vis­tas de Shi­buya y están a la altura de Scar­lett Johans­son y Bill Murray. Era más bien un cubículo con micró­fo­nos, sofás y unos tablets para con­tro­lar el karaoke. El pro­blema es que todo estaba en japo­nés. Des­pués de mucho esfuerzo con­se­gui­mos poner parte de la inter­faz en inglés y can­tar Hotel Cali­for­nia, Miche­lle y Won­der­wall mien­tras nos aca­bá­ba­mos nues­tras fan­tas de melón justo a tiempo para salir antes de los pri­me­ros 30 minu­tos. La ver­dad es que por menos de ¥1000 en total (unos 8€ y pico) fue bas­tante diver­tido.

Des­pe­dida en el Edo-Tokyo Museum

Para el último día no tenía­mos nada pen­sado para antes de salir hacia el aero­puerto, así que deci­di­mos visi­tar el Edo-Tokyo Museum, que lo ponían muy bien en la guía y que nos había­mos sal­tado sin saber muy bien por qué. Y menos mal que fui­mos por­que nos gustó muchí­simo, más que el Tokyo Natio­nal Museum.

Edo-Tokyo Museum
Maqueta en Edo-Tokyo Museum

Fachada de tea­tro y minia­tu­ras de en maqueta en el Edo-Tokyo Museum

Ade­más de la exhi­bi­ción per­ma­nente sobre la his­to­ria de Tokyo, que es real­mente intere­sante, de pura casua­li­dad coin­ci­di­mos con la expo­si­ción tem­po­ral Kat­sus­hika Hoku­sai Exhi­bit, donde pudi­mos ver pin­tu­ras tan famo­sas como The Great Wave off Kana­gawa o Fine Wind, Clear Mor­ning.

Y del Edo-Tokyo Museum a por las male­tas al hotel y de camino a Narita. Más de 30 horas des­pués aquí esta­mos, ya en Madrid, aguan­tando el sueño como pode­mos para ven­cer el jetlag. Echa­re­mos un poco de menos la lim­pieza extrema, la gente súper edu­cada, los baños guays por todas par­tes y la comida rica y barata dis­po­ni­ble a cual­quier hora y en cual­quier lado. Aun­que enten­der todo lo que te dicen se agra­dece, la verdad.

2 comentarios en Últimos días en Tokyo

  1. Sandra dice:

    Ojalá le expli­cara así de bien los via­jes a madre, muy chulo todo Rosa, de PE a PA.

  2. Pablo dice:

    Creo que no me deja comentar =(.

    Salu­dos.