Domingo teatral

Desde que volví a España he estado yendo casi una vez al mes al tea­tro gra­cias al puñado de opcio­nes dis­po­ni­bles en Madrid y a las ofer­tas en entra­das que se encuen­tran online y que hacen que ir a una obra en directo cueste prác­ti­ca­mente lo mismo que ver una peli en el cine con los pre­cios actua­les. Un poco por casua­li­dad este domingo acabé asis­tiendo en el mismo día a dos obras/espectáculos, una fun­ción mati­nal y otra por la tarde, en dos tea­tros muy dife­ren­tes entre sí.

Eoloh cartel
Eoloh Teatros del Canal

Eoloh de Cir­que Style

La pri­mera se tra­taba de una mera excusa para cono­cer los Tea­tros del Canal. Tenía muchas ganas de ir por­que me recor­da­ban un poco al Natio­nal Thea­tre lon­di­nense de South­bank, uno de mis luga­res favo­ri­tos. El show en sí era Eoloh!, un espec­táculo cir­cense para niños con publi­ci­dad un poco enga­ñosa en la que men­cio­nan al Cir­que du Soleil para que parezca de ellos. Por 15€ la entrada no está mal, tiene un número de con­tor­sio­nis­tas muy bonito, aun­que al ser infan­til se cue­lan un mon­tón con los núme­ros de paya­sos (detesto bas­tante a los payasos).

La cena de los idiotas

La cena de los idio­tas

La segunda era La cena de los idio­tas, que acaba de estre­nar tem­po­rada en el tea­tro Reina Vic­to­ria. Vi hace bas­tante tiempo la pelí­cula fran­cesa de Fran­cis Veber y me gustó, así que me pare­ció buena idea ver qué tal era esta adap­ta­ción con Josema Yuste. Fue un poco extraño por­que aun­que salí con­tenta del tea­tro, la ver­dad es que ape­nas me reí, aun estando rodeada por las car­ca­ja­das cons­tan­tes de des­co­no­ci­dos. Por si acaso, la pró­xima obra para la que tengo entra­das no es exac­ta­mente una comedia.

Salamanca

Siguiendo con nues­tro plan de visi­tar ciu­da­des súper boni­tas situa­das de Madrid para arriba, este fin de semana le tocó el turno a Sala­manca. Desde Madrid se puede lle­gar en tren y en auto­bús y noso­tros, des­pués de leer por ahí a unos cuan­tos reco­men­dando el segundo, opta­mos por el bus. Tarda más o menos lo mismo que el tren, cuesta un poco menos y tiene WiFi y asien­tos muy anchos, acol­cha­dos y cómo­dos, tres por fila.

El Huerto de Calitxo y Melibea
Catedral Nueva de Salamanca

Huerto de Cali­txo y Meli­bea y Cate­dral Nueva

No he cono­cido a nadie que haya visi­tado Sala­manca y no le haya gus­tado. A falta de un estu­dio demo­grá­fico ofi­cial, Sala­manca es posi­ble­mente la ciu­dad con el mayor número de tunos por metro cua­drado. El cen­tro me pare­ció súper bonito, mirase donde mirase había algo a lo que que­ría hacerle fotos, un poco como Toledo pero sin el aire a par­que temá­tico medie­val. Cosas para ver no fal­tan ni son com­pli­ca­das de encon­trar, todas jun­ti­tas: la Plaza Mayor, la Casa de las Con­chas, las cate­dra­les Nueva y Vieja, el Huerto de Cali­txo y Meli­bea, la por­tada de la Uni­ver­si­dad con la rana escondida…Creo que la dife­ren­cia con otras ciu­da­des la mar­caba el ambiente estu­dian­til, con las cabi­nas tele­fó­ni­cas forra­das por com­pleto de car­te­li­tos bus­cando habi­ta­ción o anun­ciando com­pe­ti­cio­nes de Beer Pong y acti­vi­da­des para Eras­mus. La ver­dad es que tiene que estar guay estu­diar en una ciu­dad así. Al caer la tarde del sábado el cen­tro pare­cía una espe­cie de Madrid en minia­tura, con tanta gente por las calles que a veces era com­pli­cado andar.

Patio de las Escuelas Menores

De camino al Patio de las Escue­las Meno­res

No traía­mos reco­men­da­cio­nes de nadie así que hici­mos caso a 11870 y com­pa­ñía y aca­ba­mos comiendo en Lui y Keito, un sitio de cocina hispano-japonesa que nos gustó bas­tante, desa­yu­nando cafés y bati­dos en el Café Man­dala y saliendo por unos bares bas­tante chu­los: la Posada de las Áni­mas, con su casa de muñe­cas gigante recu­briendo una pared, The Irish Rover, un pub irlan­dés deco­rado como un tea­tro, y La Perla Negra, donde tenían Bul­mers cider a menos de 4€ la pinta. Por supuesto, no me fui de Sala­manca sin un paquete de los famo­sos cho­chos, unos cara­me­los de azú­car, canela y clara de huevo súper gran­des, duros y muy ricos.

Chochos de Salamanca

Cho­chos típi­cos

La Central de Callao

La semana pasada inau­gu­ra­ron por fin la nueva libre­ría de La Cen­tral, al lado de Callao. Des­cu­brí estas libre­rías gra­cias a la peque­ñita pero bien equi­pada que tie­nen en la Fun­da­ción Map­fre y estaba deseando ir a la nueva desde que empe­za­ron las obras. Aun­que las temá­ti­cas en las que se espe­cia­liza La Cen­tral no entran exac­ta­mente entre mis hob­bies o pasio­nes (más que nada Huma­ni­da­des: filo­so­fía, arte, cien­cias socia­les…), tie­nen un catá­logo enorme de libros en otros idio­mas, muchos cómics y nove­las grá­fi­cas. Pero no nos enga­ñe­mos, a mí lo que más me gusta es la sec­ción enorme de artícu­los de pape­le­ría, cosi­tas de diseño y acce­so­rios chu­lis que suplen per­fec­ta­mente a mis tien­das favo­ri­tas de Lon­dres. Por ejem­plo, en La Cen­tral encuen­tras cosi­tas de peSeta, suck UK, kits de we are knit­ters o nano­blo­cks, uno de mis recien­te­mente adqui­ri­dos entretenimientos.

La Central de Callao
La Central de Callao

Narra­tiva, cómics y piza­rra al lado del fut­bo­lín

Dejando aparte todo lo que pue­des com­prar allí y que el lugar es apuesta 100% segura para bus­car rega­los ori­gi­na­les, lo que más mola de La Cen­tral de Callao es el edi­fi­cio: un pala­cete res­tau­rado en la calle Pos­tigo de San Mar­tín. Tiene tres plan­tas que rodean un patio cen­tral, orga­ni­za­das en dis­tin­tas habi­ta­cio­nes y espa­cios lle­nos de deta­lles boni­tos: el ciprés en el patio, la cúpula de la capi­lla con pin­tu­ras al fresco con­tras­tando con la sec­ción infan­til, el fut­bo­lín escon­dido en un reco­veco debajo de la esca­lera, la habi­ta­ción ais­lada para leer…

La Central de Callao

Aquí, ahora

Aparte de la libre­ría, en la planta baja tie­nen un café-restaurante o bis­tro, como le lla­man ellos, bas­tante bonito y con comida rica aun­que un poco gafapasta-pretencioso para mi gusto. Lo único que aun no he podido ver es la cripta con­ver­tida en El Garito, un bar sub­te­rrá­neo que estará abierto hasta las 2 de la mañana. Creo que entrará en fun­cio­na­miento el sábado que viene, así que no dudaré en bajar a ver qué bre­ba­jes secre­tos ocul­tan ahí.

Doce meses

Hoy se cum­ple exac­ta­mente un año desde que empecé mi pri­mer tra­bajo en el Mundo Real™. No escribí nada por aquí sobre mi 28 cum­plea­ños pero no podía dejar de seña­lar de alguna manera este día, al igual que hice hace exac­ta­mente seis meses. He apren­dido muchí­simo, no recuerdo un sólo día en el que mis tareas hayan sido monó­to­nas o repe­ti­ti­vas, he con­se­guido una tole­ran­cia al alcohol que ni me hubiera ima­gi­nado meses atrás e incluso tengo mar­cas de gue­rra para el futuro. Pero las cir­cuns­tan­cias hacen que este aniver­sa­rio tenga un sabor agri­dulce (com­pa­ñe­ros súper bri­llan­tes con los que he tenido la suerte de tra­ba­jar mar­chan en busca de otras cosas en las que emplear sus pri­vi­le­gia­das cabezas).

Siem­pre me decían que a par­tir de cierta edad el tiempo empieza a volar y los años pasan sin que te des cuenta. Para mí es al revés, el tiempo pasa ahora muchí­simo más lento que cuando estaba en el cole­gio o en el ins­ti­tuto y la mayo­ría de sema­nas eran igua­les unas a otras. Es una suerte en la mayo­ría de los casos.

London revisited

La parte guay

Lon­dres y los Jue­gos Olím­pi­cos. Mon­to­nes de acti­vi­da­des, fes­ti­va­les y deco­ra­ción urbana en honor de las Olim­pia­das. No se tie­nen muchas opor­tu­ni­da­des de estar en una ciu­dad durante unos jue­gos y me ale­gro de que me haya tocado Lon­dres. El Fes­ti­val of the World en South­bank Cen­tre con su labe­rinto aMAZE hecho con 250.000 libros, las mas­co­tas CCTV repar­ti­das por la ciu­dad, las guir­nal­das de colo­res por todas par­tes. El domingo tuvi­mos la suerte de ver la mara­tón bas­tante bien al lado de St. Paul’s Cat­he­dral, inclu­yendo una visión de cerca de los 3 que aca­ba­ron en el podium. Fue bas­tante impresionante.

aMAZE

aMAZE — Labe­rinto de libros en South­bank Cen­tre

El hotel molaba mucho. Nor­mal­mente los hoteles/hostales/albergues/colchones en los que nos que­da­mos en los via­jes no me impor­tan mucho y no les dedi­ca­ría ni de lejos un párrafo aquí, pero el citi­zenM Bank­side era guay de ver­dad. Forma parte de una nueva cadena de hote­les que anun­cia affor­da­ble luxury y fue inau­gu­rado en julio. Todo muy cool, desde la cama 2x2m enca­jada entre tres pare­des hasta el table mood pad que con­tro­laba las luces de colo­res de la habi­ta­ción, las pelis a la carta gra­tis y las cor­ti­nas y per­sia­nas. En la planta baja ade­mas tenian una biblio­teca con mon­to­nes de libros, un bar-cafetería abierto 24h y un mon­tón de sofás.

El sushi, el chi­cken katsu curry, las ham­bur­gue­sas gour­met de los pues­tos de mer­ca­di­llo, los sand­wi­ches con mus­tard mayo, los bagels de Brick Lane, las pin­tas de Kop­par­berg y de Mag­ners, y en gene­ral toda la comida y bebida súper rica y barata que es tan fácil de con­se­guir en Lon­dres y para la que no encon­tra­mos subs­ti­tu­tos que val­gan en Madrid.

CitizenM Bankside Hotel
citizenM soap

Citi­zenM Bank­side Hotel

La parte accidentada

Al pare­cer, usar tu tar­jeta de débito bri­tá­nica por pri­mera vez en varios meses para pagar el bus del aero­puerto, el hotel y recar­gar la Oys­ter card todo en el mismo día es tan sos­pe­choso como para que sea repor­tada por fraude y can­ce­lada por el Nat­west. A par­tir de ahí, una suce­sión de lla­ma­das tele­fó­ni­cas, visi­tas al banco y con­ver­sa­cio­nes con emplea­dos a cuál más des­agra­da­ble, en las que se nega­ban a creer que yo, con pasa­porte y tar­je­tas en mano, fuese real­mente yo. La para­noia, sus­pi­ca­ciay ten­den­cias alar­mis­tas que he podido obser­var tan­tas veces en los bri­tá­ni­cos, en su máximo esplendor.

El cris­tal del Galaxy Tab alias mood pad no es resis­tente a caí­das desde un metro de altura. Jorge lo com­probó el última día en el hotel cuando se le cayó al suelo desde la pequeña mesa de diseño en el que estaba colo­cado y toda la pan­ta­lla se res­que­brajó. Ade­más de no poder bajar la tem­pe­ra­tura de la habi­ta­ción, cam­biar la luz de color o poner el final de Mega­mind, estu­vi­mos hasta la hora del check-out al día siguiente pen­sando que íba­mos a tener que aña­dir la com­pra de un tablet a nues­tro pre­su­puesto del viaje. Por suerte en el hotel eran tan majos como para no hacer nin­gún cargo.

El apa­gón gene­ral en el cine Vue Wes­tend en mitad de Brave que nos tuvo a oscu­ras durante 25 minu­tos, refle­xio­nando sobre el módico pre­cio de £18 de la entrada. Al menos a la salida nos die­ron dos entra­das gra­tis para cual­quier otra peli en cual­quier otro Vue que aca­ba­ron en el bol­si­llo de Iza­be­lla, una anti­gua compi de tra­bajo de Jorge, como recom­pensa por lle­var­nos a unos sitios chu­lí­si­mos por Sho­re­ditch y Hoxton.

Graffiti en Shoreditch

Graf­fiti en Sho­re­ditch

Y de ahí… a la Ver­bena de la Paloma.

Back!

Por fin, un mon­tón de meses des­pués de dejar el aero­puerto de la City con 80kg en male­tas hacia nues­tra nueva vida en Madrid, vol­ve­mos a Lon­dres de visita. Van ser sólo 3 días y medio (de vier­nes a lunes) en los que nos alo­ja­re­mos en un hotel gua­yí­simo al lado de la Tate Modern, con sus pro­pias reglas para nóma­das y habi­ta­cio­nes no aptas para fami­lias con niños y que se con­tro­lan con un tablet lla­mado mood pad.

La lista de cosas que quiero hacer no para de cre­cer con los ele­men­tos más vario­pin­tos: com­prar champú y crema sua­vi­zante, visi­tar el mer­ca­di­llo pop up Red Mar­ket en Old Street, comer sco­nes, entrar en un Tesco o en un Wai­trose, pro­bar los nue­vos sabo­res de Gelupo, ir al banco, comer sushi de Yos­hino y bagels de Brick Lane, bus­car unas Dr. Mar­tens azu­les… Es un poco como vol­ver a casa pero sólo con la parte divertida.